Por: Wallas – Roll The Radio Diciembre 26, 2025
Seamos honestos: no a todos nos gusta Metallica. Para muchos, la banda dejó de existir en el 88, para otros son «comerciales» y para los más puristas del género, Lars Ulrich es el baterista que tiene más suerte que técnica. Pero hoy, 26 de diciembre, el hombre del apellido impronunciable cumple 62 años y, aunque no tengamos sus pósters en la pared, hay que sentarse y hablar de él con respeto.
El baterista que «no sabe tocar» (pero que es dueño del juego)
Es el deporte nacional del metalero: criticar el tempo de Lars. Que si se acelera en vivo, que si el doble pedal ya no suena como en los 80, que si Mike Portnoy se lo come vivo en técnica. Todo eso puede ser verdad desde el punto de vista académico, pero aquí va el dato que duele: Lars Ulrich no es un baterista, es un arquitecto.
Sin ser el más virtuoso, Lars diseñó el sonido del Thrash. Él no se limita a seguir el ritmo; él compone con James. Es el hombre que sabe dónde va cada silencio y cada explosión. Si Metallica llena estadios en 2025 mientras otras bandas más «técnicas» tocan en bares, es en gran parte por la visión empresarial y creativa de este danés.

Las polémicas que nos hicieron odiarlo (y luego entenderlo)
Nadie llega a los 62 sin un par de cicatrices de guerra, y Lars tiene las más famosas del rock:
- El «Villano» de Napster: En el año 2000, Lars fue la cara de la demanda contra la descarga gratuita de música. El mundo lo llamó codicioso. Hoy, con los artistas rogando por centavos en Spotify, la historia parece estar dándole la razón. Fue el primero en ver que el barco se hundía.
- El «Snare» de la discordia: El disco St. Anger sigue siendo la piedra en el zapato. Esa caja que sonaba a olla de cocina fue una decisión de Lars. ¿Un error garrafal? Probablemente. ¿Una muestra de que al tipo no le importa lo que piensen los críticos? Totalmente.
- El documental Some Kind of Monster: Ver a Lars en terapia, peleando con James y pareciendo una diva, nos alejó a muchos. Pero también nos mostró la humanidad de un tipo que, a pesar de tenerlo todo, seguía obsesionado con que su banda no se desmoronara.
El veredicto del escéptico
No voy a poner el 72 Seasons hoy en mi casa, ni voy a decir que es el mejor baterista del mundo. Pero ver a un tipo de 62 años, millonario, con las rodillas probablemente destrozadas, salir cada noche a pegarle a los parches con la misma cara de loco que tenía en 1981, merece un brindis.
Lars Ulrich es el motor de una marca que puso al metal en el mapa global. Puedes odiar su sonido, puedes criticar su técnica, pero no puedes negar que el metal moderno vive bajo la sombra de lo que este hombre construyó.
¡Feliz cumpleaños, Lars! Gracias por darnos tanto de qué hablar (y de qué quejarnos).













Deja una respuesta